viernes, 27 de enero de 2012

¿Qué hacer cuando queremos seguir amamantando y debemos volver al trabajo?

Esta pregunta empecé a hacermela cuando mi hija tenía 4 meses y debía volver a trabajar cuando cumpliera 6. Aunque tuve la suerte de poder estar todo ese tiempo dedicada a ella (todavía no existía el post-natal que se acaba de lograr el año pasado), me angustiaba muchisimo imaginarme cómo iba a ser este cambio.
No sabía si iba a conseguir sacarme leche, si iba a ser capaz de estar lejos de ella, si mi hija se acostumbraría con otra persona que la cuidara y millones de otras preguntas.
En la consulta terapéutica, este es un problema que lleva a muchas mujeres a consultar y habitualmente, me encuentro en diversos foros y blogs donde plantean este tema.

Para mi fue muy inspirador aprender en la Liga de la Leche las distinatas maneras de almacenar y conservar la leche materna, así como también recibir la contención y el apoyo de Natalie Clermont, la única líder del grupo en ese entonces (ya se cumplen 3 años y medios de mi vivencia).
A pesar de que tenía un extractor de leche y que ponía todo de mi parte para hacerlo (respiraciones, meditaciones, pensamientos positivos) no logré sacar más que 2 dedos de leche.

En una de las conversaciones que tuvimos con Nathalie, me regaló un hermoso libro, que inspiró a la madre y mujer que soy.
Hoy quiero compartir con ustedes este regalo que pueden bajar gratis de internet. Considero importántisimo que las mujeres que trabajan fuera de casa y que quieren continuar con la lactancia, lo tengan en su "velador". En él encontrarán herramientas y testimonios de muchisimas mujeres latinoamericas que han podido responder a esta pregunta que aqueja a tantas mujeres. Y nos ayuda a enfrentar esta situación de un modo más positivo y alentador.
El libro se llama "Las Hijas de Hirkani", y está inspirado en un antiguo cuento indio, que forma parte del libro y que que puedes leer a continuación:





"Hirkani fue una repartidora de leche que vivió en un pequeño pueblo en las faldas de Raigad con su marido y su hijo. Ella y su marido poseían ganado y sus ingresos provenían de la venta de la leche de
sus vacas.
Su historia comienza durante una luna llena en el mes Hindú de “Ashwin”, un tiempo llamado “Kojagiri Poornima”. Era un tiempo para celebraciones jubilosas e unificadoras ya que los agricultores habían finalizado la cosecha. Naturalmente, que los ánimos estaban altos en estos tiempos de abundancia, especialmente en el reino del Rey Shivaji. La ocasión demandaba extraordinarias cantidades de leche para la cocina del palacio por lo que las repartidoras de leche de la vecindad
habían recibido instrucciones con antelación para viajar al fuerte a entregar más leche.
Hirkani nunca había visitado la capital antes; el viaje le daría la ocasión de hacerlo. Había escuchado impresionantes historias de palacios maravillosos, de un gran mercado y de muchas pompas y esplendor acordes con la capital del reino.
La noche anterior a su viaje, soñó con todo lo que había escuchado. Sin embargo, habían algunos obstáculos que harían este viaje de negocios algo difícil. Su marido estaba fuera en una expedición militar y no había nadie para cuidar de su pequeño. Además, debía organizar su viaje en el intervalo de tres o cuatro horas entre las sesiones de amamantar. Era una perspectiva atrayente y su familia necesitaba el dinero, por lo que hizo arreglos para viajar.

La tarde siguiente, Hirkani amamantó a su pequeño abundantemente, lo acostó a dormir y lo dejó con amigos de la familia. Con emociones encontradas, se dispuso a cumplir su misión.
El viaje implicaba caminar unas pocas millas hasta la entrada del fuerte y luego escalar 1,250 pies (420 metros ) hacia arriba, con adicionales 1,460 escalones para alcanzar la puerta principal del fuerte. El palacio que había dentro estaba a media milla alejado de la puerta principal, y la calle que llevaba hacia él pasaba por un animado mercado.
Cubrir esta distancia de un lado a otro con las pesadas jarras de leche era difícil y parecía más complejo por el hecho que Hirkani tenía poco tiempo. Por razones de seguridad las puertas del fuerte se cerraban a la hora de la puesta del sol y no se volvían a abrir hasta la mañana siguiente.
Hirkani tenía miedo de ver lo que antes solamente había soñado. Entregaron la leche en el palacio y ella y las demás repartidoras de leche recibieron su pago. Naturalmente, el área estaba congestionada ese día y Hirkani terminó separada de sus amigas. Las buscó en vano.

Finalmente, decidió emprender sola el regreso a casa. Sin embargo, con la multitud y la confusión, no logró encontrar su camino hacia las puertas principales. Hirkani había perdido tiempo muy valioso.
Pronto se asustó al escuchar a los cañones sonar, estos indicaban que las puertas pronto se cerrarían. A cada disparo que escuchaba, Hirkani corría más rápido.
Cuando logró alcanzar la puerta principal, era demasiado tarde. Las enormes puertas se cerraron bajo llave.
Hirkani rogó a los guardias que le abrieran pero sus suplicas fueron vanas. Las puertas solo podían abrirse por orden del Rey Shivaji. El imaginarse a su bebé, ahora hambriento en el pueblo de abajo, la hizo sollozar. Su blusa estaba mojada de leche. Continuó llorando y finalmente los guardias accedieron a llamar al oficial a cargo, quien iría a ver al rey para intentar obtener el permiso para abrir las puertas.
El tiempo pasó y Hirkani se puso más y más nerviosa. Todo estaba tomando mucho tiempo. El cielo estaba oscuro y la luna llena reflejaba la preocupación o en su rostro. Su instinto materno la llevó a
explorar otra vía de salida, quizás una menos convencional.
Se marchó de la puerta principal y continuó caminando dentro del fuerte buscando una vía de escape. Finalmente, encontró un lugar sin guardias. A lo lejos abajo en el valle podía vislumbrar las luces de su pueblo.
Era imposible; se sentía angustiada separada de su pueblo y de su hijo. Pero había una pendiente vertical que subía por más de 1000 pies (330 metros ) de las profundidades de abajo. Ni siquiera el mejor soldado de la armada del Rey podría aventurarse hacia abajo, era una muerte segura.
Mientras esperó, Hirkani no vio otra cosa sino el rostro de su hijo y no escuchó sino su llanto.

La luz de la luna llena no le ayudaba pues la pendiente vertical estaba del otro lado. A pesar de ello 
decide hacerlo. Comienza a descender y arbustos espinosos y piedras filosas cortan su piel, inflingiendo heridas y dolor. Continuó su descenso con gran determinación hasta que no sintió más nada. Para cuando llegó abajo, sus ropas estaban en jirones y sus piernas temblaban.
Corrió hacia su choza y tomó en sus brazos a su bebé, sosteniéndolo cerca de su pecho. Era casi la media noche, y la felicidad descendiósobre la pareja madre-hijo así como los dioses poblaron el cielo para ver la maravilla de la tierra.
En el fuerte del Rey Shivaji, la conmoción había comenzado. El Rey había ordenado a los guardias que abrieran las puertas, pero estos no lograron encontrar a la madre desesperada. Antorchas especiales se encendieron para buscarla. La búsqueda finalizó junto a la jarra vacía al borde de un precipicio. El rey se quedó horriblemente disgustado al escuchar las noticias y asumió que la joven madre había muerto.

A la mañana siguiente, los caballos reales fueron enviados abajo para informar a su familia. Llegaron para escuchar el cuento de coraje que Hirkani había vivido.
El Rey Shivaji estaba muy impresionado con esta hazaña y Hirkani fue apropiadamente honrada. El pueblo dónde vivió todavía existe hoy día y se llama el pueblo de Hirkani; en su honor".